Grupo de Investigación de la Pesca Artesanal – Escuela de Antropología, Universidad Academia de Humanismo Cristiano, Chile.

Entradas etiquetadas como “Caleta Coquimbo

El imaginario del mar en los pescadores del Puerto Pesquero Artesanal Bahía de Coquimbo

Imagen

Por Margarita Berríos y Celia Cisternas[1]

En el ajetreado Puerto de Coquimbo confluye una diversidad de labores que convoca a distintos grupos de personas a establecer algún vínculo (estrecho, personal y absolutamente dependiente) con la mar.

Los hombres, que en su mayoría por ver concretada su subsistencia, efectúan alguna o varias labores dentro del mar, viajan diariamente en una embarcación mar adentro algunas horas muy temprano por la mañana en busca de congrio colorado, o atrapando además crustáceos y mariscos que yacen en roqueríos y en el fondo marino; otros se internan con su embarcación en el mar a eso de las 19:00 horas, permaneciendo hasta altas horas de la madrugada en la busca de jibia.

Cuando es temporada se la pasan en la esforzada labor de calar y levantar la red con reineta o congrio dorado; también de acuerdo al trayecto que realizan los peces en la inmensidad del mar, pueden llegar al puerto embarcaciones con tripulantes de otras regiones del país que viajan por alta mar durante varios días e incluso semanas, abocados a la actividad de caza de grandes peces como la albacora o el bacalao. Si bien todos comparten el puerto y el mar, éste espacio tiene significancias diferentes para cada actividad y cada hombre con tiempos y rutinas diferentes, propias de cada labor.

En esta relación -estrecha entre humanos y naturaleza- la omnipresencia y vitalidad del mar genera un vínculo especial e individual que para el lector podría resultar distante y romántica, pero para estos hombres es cotidiana y natural.

Al preguntarle a estos trabajadores del mar, sobre cómo vivencian desde su experiencia en su cotidianeidad con la mar y su relación con éste,  nos encontramos con afirmaciones que resultan interesantes ya que expresan en algunos casos, algo más allá que una mera actividad para ganarse la vida. Es claro que las actividades en el mar representan la fuente de trabajo e ingresos para el sostén del hogar y que a pesar de lo sacrificadas que pueden resultar, ya sea por lo impredecible y riesgoso que puede ser la pesca por las variaciones climáticas, tiempos prolongados de trabajo, lo relativo de lo que se puede llegar a capturar y lo fluctuante de los precios, encontramos que -a pesar de todas esas variables- hay un elemento común que va más allá y que motiva a estos hombres a entrar mar adentro, entonces nos preguntamos ¿Qué es lo que hace elegir a estos hombres trabajar en el mar a pesar de lo sacrificado?  Además de sus necesidades económicas ¿Satisface otras?. Todo hace indicar que el mar posee una especie de “mística particular” que le da a su vez parte de significado a sus vidas.

La actividad cotidiana de estas personas es muy variada, como los recursos que existen en él. Cuando hablamos de pesca y de pescadores, estás no son actividades fijas sino que varían según la época, los recursos disponibles, las vedas, etc. Un pescador puede conocer muchas y distintas artes de pesca, por ende la significancia del mar para estos hombres o por lo menos para su mayoría no sería definida sólo por una actividad precisa, sino que para la ellos expresa una relación estrecha de conocimiento del mar, amparada también por la relaciones sociales que establecen entre ellos, tanto como comunidad o como grupos que se arman para extraer determinado recurso.

Los pescadores de bote

Algunos salen día a día muy temprano en la madrugada hacia el mar, y el éxito en la pesca puede resultar muy relativo, lo que crea incertidumbre, al no contar con un ingreso fijo para la manutención de sus familiares. La relación con el trabajo y el océano generalmente está llena de una carga moral familiar “mi padre y mi abuelo y su padre también fueron pescadores”.

La idea del respeto, la libertad, el “nadie me manda” es una frase común entre los pescadores de todo tipo, sobre todo de quienes trabajan en lanchas: “Yo algunas veces me ido a trabajar pa´ afuera miro el mar y lo echo de menos, el ambiente ya está hecho acá, me fui 5 años a trabajar en un camión de gas y siempre me daban unas ganas de venir pa’ acá y pescar de nuevo hasta que un día lo hice, y me siento bien, nadie me manda, yo solito veo que hago” (Hernán Ardiles, pescador)

Los buzos y mariscadores

Los buzos tienen contacto con el interior del mar, ya no sólo lo ven desde arriba, estos se sumergen y literalmente están dentro del mar. La relación con el océano se ve así vinculada aún más de cerca con el peligro; el oxígeno escaso, la oscuridad de la costa chilena, en resumen un habitad completamente diferente al terrestre y a la superficie del mar, en donde las formas de moverse, la respiración y hasta la percepción del entorno deben realizarse de otra forma, así como el dominio de la técnica para moverse dentro de ese medio y el manejo de las habilidades extractivas. Entre ellas encontramos a quienes extraen con los moluscos de profundidad con la ayuda de sus manos, cuchillos, alambres y ganchos.

 Además de requerir de una gran concentración en todo momento, no se puede perder de vista ni un solo detalle. El mar es un espacio del silencio y soledad en los momentos en que se está sumergido en él, un lugar donde el tiempo y el espacio son vividos de una manera totalmente distinta.

En Alta Mar

La labor en el mar, sin duda es sacrificada debido a lo riesgoso e incierto de cada jornada. Tuvimos la oportunidad de conocer a pescadores de alta mar, pertenecientes a la Octava Región, Lebu, en busca del recurso albacora o pez espada. La caza de este recurso, implicó un largo viaje, de unos cuatro días mar adentro, y que esta vez fue en dirección al archipiélago  Juan Fernández. Los ocho tripulantes que habitaban una embarcación que llaman lancha y que mide aproximadamente 22 metros de largo, con tecnología adecuada para la navegación como un sofisticado motor de base, radares, cámaras de frío, bodegas, etc. Todo pensado en que son a veces como máximo 20 días de permanecer navegando por la inmensidad del mar. El factor psicológico resulta preponderante, debido al hacinamiento que se produce, y el impredecible aparecer de las presas, hace que esta tarea sea bastante estresante para ellos,  llevando al límite el esfuerzo físico y mental para la caza. La relación entre los tripulantes y de estos con el mar, en este caso se da de un modo distinto, es como ellos mencionan,  más extrema. El mar es visto como un espacio que además de ser una fuente de sustento familiar, significa  a la vez la separación de la familia, lo que genera una carga emotiva fuerte y también, paradójicamente, liberadora al “escaparse de los problemas por un rato”, como un desahogo de tensiones, representando de esta manera un dilema constante. Por otra parte el factor de la “adrenalina”, la cercanía con la muerte, lo incierto del contexto, de la caza, de la navegación, del regreso, hace que sea toda una aventura para cada uno de estos hombres.

Conclusiones

Estos trabajos en el mar siempre conllevan la búsqueda, el estar alertas, ese tener que atrapar a los peces que son vistos evidentemente como algo que se traducirá en el sustento de un hogar, esa sensación de ganarse en su sentido más puro el sustento, de perseguirlo, aprender su lógica, ver sus debilidades y desde ahí crear estrategias para “triunfar”. Esa característica del tener que aprender del mar y de los factores como el clima, los vientos, la marea, la idea constante de la incertidumbre le da emoción (el poder terminar con mucho o con nada) hacen de esta actividad de trabajo algo que le da un sentido que lo aleja de cierta forma de lo enajenante, trabajando en el mar, se aprende de él y no sólo como una estrategia para atrapar las presas, sino también como algo que da emoción y sentido a la práctica y a la vida.

El lazo afectivo generado con el mar respecto a lo que hace experimentar a estos hombres, es algo común entre los distintos trabajadores que hemos analizado, aunque este sentimiento suele ser más intenso en los pescadores de alta mar, ya que la situación a la que se ven expuestos conlleva un contacto constante con las aguas, representa un medio en el cual se puede vivir, allí además de trabajar se come, duerme, comparte, reflexiona y se viven experiencias extremas.

Los pescadores de bote suelen tener este lazo pero se condiciona con la cantidad de años que se lleva trabajando y si en la historia familiar hay predecesores recientes que han mantenido a su familia con esta actividad, la relación de agradecimiento y respeto, el mar es visto acá principalmente como “el sostenedor de la vida”, en el sentido de que es lo que otorga lo necesario para seguir viviendo, claro luego de la transacción pescado-dinero. De esta forma el mar es un gran y diverso escenario, donde su dinámica vital, también mantiene vivos a estos hombres, la paradoja de la libertad y la dependencia están en constante devenir, lo que hace de esta actividad para los hombres del puerto de Coquimbo, a pesar de lo incierto, a pesar de lo riesgoso, de lo variable del ingreso, etc. escojan trabajar en el mar.


[1] Estudiantes de Antropología, UAHC. Etnógrafas GIPART Proyecto NTI “Estudio comparativo de la trayectoria en la implementación de Áreas de Manejo y Explotación de Recursos Bentónicos (AMERB) en la IV, V y VI región. 2006-2013”